La más importante es isla Colón que es donde estaba nuestro hostel “Las Brisas”. Éramos bastantes así que 10 de nosotros nos metimos en una habitación grande que estaba genial y tenía una terraza increíble encima del mar con unas vistas impresionantes. El pueblo es totalmente caribeño, tiene una calle principal ancha y dos o tres calles más llenas de hostalitos, bares y restaurantes en casitas de madera pintada de todos los colores.
Llegamos allí el mismo 31 por la tarde. Tres minutos andando desde el aeropuerto estaba el hostel. Nos cambiamos y nos fuimos directos a coger el bote que nos llevaba a la isla Bastimentos donde iba a ser la cena y fiesta de nochevieja. Una hora después de navegar entre un montón de islitas y manglares, llegamos allí. La iluminación era una hoguera, un 2010 luminoso y unas poquitas luces más. Había una construcción de madera de 3 pisos donde estaba la barra y donde se cenaba y otra construcción donde estaba la música. Todo muy Hippie con actuación de un grupo de reggae, una chica que hacía malabares con fuego y después, musicón de un dj belga. Todo esto rodeado de selva. Una noche muy divertida.
El día 2 nos metimos 9 personas en un taxi pick up para recorer un camino de barro hasta playa Bluff donde había una competición de Bodyboard.
Había unas olas tan fuertes que no te podías meter a bañar sin tabla…..eso sí, la playa impresionante.
Al día siguiente contratamos una excursión y nos llevaron en un bote primero a la bahía de los delfines donde deben tener 5 delfines amaestrados para que aparezcan cuando llegan los turistas. Después estuvimos haciendo un poquito de snorkel por los corales. A la hora de comer nos llevaron a un sitio donde Nacho y yo por supuesto pedimos langosta (era el objetivo de la excursión) y después nos tumbamos en unas hamaquitas donde no se estaba nada mal.
Por último nos llevaron a la playa de las ranas rojas. En realidad las únicas ranas que vimos fueron 3 que tenían unos niños metidas en un vaso y que enseñaban para que les dieras dinero.
Estuvimos un ratito jugando contra las olas hasta que una de ellas nos revolcó a todos y decidimos que era hora de volver.
Al día siguiente cogimos el avión de vuelta y tal y como llegamos nos fuimos directos a trabajar. Un contraste no muy agradable, ya que yo lo que quería era montar un hostel y quedarnos allí a vivir.
Quién sabe, igual lo hagamos algún día….








